Como toda buena piedra paisaje, esta historia se entiende mejor si se lee de arriba abajo: estrato a estrato, año a año, hasta llegar al fondo del asunto.
En 2008 comencé una afición que, sin planearlo, acabaría reescribiendo buena parte de mi tiempo libre: el bonsái. El interés por los pequeños árboles en maceta se transformó pronto en algo más profundo, una vía de encuentro con otras personas que compartían la misma inquietud. Cursos de formación, exposiciones locales y años de experiencias acumuladas fueron construyendo, sin prisa, el terreno sobre el que después crecería todo lo demás.
En 2016, un amigo de afición se interesó por varios árboles de mi colección y, a cambio, me mostró lo que él coleccionaba: mesas de exposición, figuritas Tenpai y una serie de piedras Suiseki que habían pertenecido a uno de los maestros pioneros del Suiseki español. Aquellas piedras desprendían una belleza capaz de trasladar a quien las miraba directamente a la naturaleza, una sensación que no me abandonaría nunca más.
El trato se cerró sin dudarlo: mi amigo se llevó los árboles que quería, y yo, las piedras que iban a marcarme el resto del camino. Fue, para mí, un antes y un después. Desde entonces dediqué mi tiempo libre a adentrarme en el universo del Suiseki y las piedras paisaje, hasta convertirlo en una de mis grandes pasiones, con una colección que hoy supera las cien piezas.
Mis inicios fueron, en mis propias palabras, torpes y lentos. En España apenas existía información o publicaciones especializadas sobre este arte, así que devoré los pocos libros que logré encontrar y empecé a hacer escapadas a la naturaleza para buscar material: aprender a reconocer una piedra con potencial, a limpiarla, a valorar si merecía la pena intentar un daiza propio. Internet, todavía una herramienta joven para esto, se convirtió en mi otra vía de estudio.
El resto lo aportó la comunidad. El contacto con otros aficionados y coleccionistas nacionales fue decisivo, y en especial la generosidad de mi amigo Juantxo Labiano, gran aficionado y coleccionista, que me enseñó los procesos de limpieza, recolección y elaboración de daizas. De esas conversaciones —largas, entre risas— salió buena parte de lo que hoy sé hacer con mis manos.
En 2017 asistí por primera vez a una exposición nacional de Suiseki. Allí vi piezas de un nivel que me hicieron entender, sin rodeos, que mi colección —hasta entonces muy mía, muy querida— todavía no tenía el vuelo que yo aspiraba a darle. Fue un momento de replanteamiento honesto: si iba a invertir tiempo y dinero en esta afición, debía apuntar a construir piezas de las que sentirme verdaderamente orgulloso.
«El ambiente de amistad, camaradería e intercambio de conocimientos dejó una huella que marcó el camino a seguir.»
En esa misma exposición conocí en persona a referentes del Suiseki en España: el maestro nacional Jesús Quintas Bermúdez, la coleccionista Pilar Guillén y, de nuevo, Juantxo Labiano, con quien recorrí la muestra comentando cada pieza. Entendí entonces que en el mundo de la contemplación de piedras había, sobre todo, grandes personas —y que esa energía compartida sería la que me empujaría a seguir adentrándome con paso firme.
En junio de 2018 di el salto a exponer, en la muestra organizada por el Club de Amigos del Bonsái de Parla, en Madrid. Son encuentros que alguien de fuera podría considerar menores, pero cumplen una función que rara vez se reconoce lo suficiente: dan a conocer el arte de la contemplación de piedras y, sobre todo, reúnen a los aficionados para compartir momentos irrepetibles —los que, en el fondo, justifican toda la dedicación puesta en estas pequeñas obras creadas por la naturaleza.
En 2019 volví a Parla, esta vez con una composición mucho más elaborada: cinco piedras pensadas para narrar el ciclo del agua. En su colocación me ayudó el maestro Jesús Quintas, quien más tarde, durante la visita comentada a la exposición, calificó la composición de sumamente inspiradora. Recibí el segundo premio de la muestra —una motivación más para seguir aprendiendo en un arte donde, cuanto más se avanza, más claro queda todo lo que aún falta por aprender.
En marzo de 2023 participé en una exposición nacional organizada por Jesús Quintas y José Antonio Frutos, uno de los eventos con mayor número de participantes celebrados en España, con cerca de un centenar de piedras expuestas. Fue un fin de semana intenso, de conversaciones largas con los amigos de siempre y de conocer en persona a otros tantos con los que hasta entonces solo había coincidido en redes sociales.
Más de una década después de aquel primer trueque, mi colección se ha convertido en el resultado de un trabajo constante de búsqueda, selección, limpieza y montaje. Cada pieza ha requerido tiempo, paciencia y una mirada cada vez más exigente para descubrir su verdadero carácter y decidir si merece formar parte del conjunto.
La mayor parte de las piedras evocan paisajes naturales: montañas, acantilados, valles o cadenas enteras en miniatura que parecen condensar la inmensidad de la naturaleza en unos pocos centímetros. No solo me interesa la belleza de cada piedra por separado, sino también la historia geológica que sugiere y la capacidad que tiene para despertar la imaginación de quien la observa.
Muchas de estas piezas llegaron a mis manos gracias a personas que, con el paso de los años, dejaron de ser simples conocidos para convertirse en amigos. Cada encuentro ha aportado algo diferente a esta colección: una piedra excepcional, una técnica de preparación, un consejo, una nueva forma de mirar o una conversación que abrió el camino hacia nuevos descubrimientos. Por eso, cada pieza conserva también el recuerdo de quienes han formado parte de este recorrido.
El Suiseki, tal y como se vive aquí, es tanto una colección de piedras como una colección de personas.
Gran parte de las piezas que hoy forman mi colección llegaron de la mano de coleccionistas y amigos de fuera y dentro de España, con quienes he construido, con los años, algo más que una relación de intercambio.
Quiero dejar una mención aparte para el maestro Jesús Quintas, y para el maestro Marcial Yuste, por sus explicaciones detalladas sobre Keidō y Kazari —esos principios de composición y puesta en escena sin los cuales me resultaría difícil llegar a crear una escena verdaderamente evocadora.
Después de años asistiendo a exposiciones ajenas, en 2023 llegó el turno de organizar una propia.
En marzo de 2023 coordiné la exposición de Suiseki dentro del VIII Congreso Andaluz de Bonsái, organizado por la Asociación de Bonsái Alhambra de Granada. La parte organizativa trajo consigo momentos de bastante estrés, pero el resultado mereció cada uno de ellos: gran participación y un público que descubrió, muchos por primera vez, el interés de estas piedras paisaje.
La organización de la Asociación Bonsái Alhambra garantizó que todo saliera según lo previsto. Me queda, sobre todo, la gratitud por la oportunidad de hacer una labor divulgativa real del mundo del Suiseki, con la idea de que cada vez más personas se acerquen a esta afición y crezca el número de aficionados y coleccionistas en el país.
En 2025 me llegó el turno de coordinar las II Jornadas Andaluzas de Suiseki, celebradas en Las Gabias (Granada) junto al IX Congreso Andaluz de Bonsái. Entre los momentos más entrañables del congreso, la entrega de premios a algunas de las piedras presentadas por los asistentes.
El congreso sirvió también como marco para impulsar la solicitud a la UNESCO de la declaración del bonsái y el Suiseki como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una iniciativa que reúne a asociaciones y aficionados de distintos países en torno a un mismo objetivo: el reconocimiento internacional de estas disciplinas.
La labor divulgativa no se queda solo en organizar exposiciones: también incluye enseñar el oficio. Imparto talleres de elaboración de daizas —la base de madera tallada a medida sobre la que se presenta cada piedra— en la Asociación Bonsái Alhambra (Granada).
Un resumen breve, pensado para leerse de un vistazo.
Colección propia de piedras paisaje en constante crecimiento, con foco en piezas de montaña y composiciones de varias piedras.
Miembro de la Asociación Española de Suiseki (A.E.S.), de la European Suiseki Association (E.S.A.) y de la Associazione Italiana Amatori Suiseki (A.I.A.S.).
Coordinador de la exposición de Suiseki, organizada por la Asociación Bonsái Alhambra (Granada).
Coordinador de las II Jornadas Andaluzas de Suiseki, celebradas en Las Gabias (Granada) junto al IX Congreso Andaluz de Bonsái.
Organizador de la primera edición de esta exposición de Suiseki, que reunió en Carmona 52 piedras paisaje procedentes de distintas zonas de la península.
Premios recibidos y artículos publicados a lo largo de su trayectoria dentro del mundo del Suiseki.




Premios de Suiseki recibidos por Miguel Ángel Domínguez Naranjo.
Publicaciones o artículos publicados por Miguel Ángel Domínguez Naranjo.
Selección de piezas de la colección.
Nada me llenaría de más ilusión que alguno de mis hijos se acercara a esta bonita afición.
A algunas exposiciones me ha acompañado uno de mis hijos, que empieza a mostrar interés por las piedras: en alguna salida al campo ya ha encontrado alguna que otra pieza con potencial, a la espera de su daiza correspondiente. Estoy convencido de que, si alguno de mis hijos termina acercándose a esta afición, su vida se verá enriquecida por todo lo que las piedras paisaje y su relación con la naturaleza tienen para ofrecer. El tiempo dirá.
Una piedra paisaje no se busca, se reconoce. Es la naturaleza contándonos, en piedra, lo que ha tardado milenios en esculpir el agua: una montaña, un acantilado, un valle entero cabiendo en las dos manos. Sostenerla es lo más parecido a tocar el tiempo.